No se sabe a ciencia cierta cuándo los humanos
adquirieron el hábito de la antropofagia. En Europa,
Francia, Alemania y en concreto, entre otros, en
los yacimientos arqueológicos de Atapuerca, en España, mediante el estudio de las marcas en los huesos
encontrados en la cueva de la Gran Dolina demuestran que se practicó un
canibalismo que, con toda seguridad, no fue producto de una hambruna y carecía
de cualquier intención ritual, sino que se efectuó por lo que se ha denominado
como canibalismo gastronómico ancestral. Se ha demostrado que el Homo antecessor lo practicaba hace ya unos 800 000 años de
antigüedad, siendo esta la referencia sobre canibalismo más antigua de Europa.2 Recientes estudios aportan pistas para creer que los seres humanos actuales tienen genes
neandertales y el cruce entre especies podría haber ocurrido, además de aportar
el rasgo cultural o hábito del antropofagia que es algo probado en diferentes yacimientos
neandertales.

Canibalismo ritual y
cultural
Varios arqueólogos afirman que restos arqueológicos en
Mesoamérica y Sudamérica contienen muestras de canibalismo. Asimismo, se
discute la extensión del canibalismo ritual en algunas culturas africanas o polinésicas
Una de las sociedades que más desarrollaron esta
práctica fue la de los guaraníes, quienes lo practicaban con
fines religiosos, bajo la creencia de que era una forma de adquirir ciertas
capacidades y aptitudes de la víctima. En Norteamérica, el análisis de los restos
descubiertos en yacimientos arqueológicos habitados entre el 1150
y el 1200 d. C. por los anasazi, confirmó la existencia de canibalismo en este pueblo.
Divulgado por primera vez en 1967, el bioarqueólogo Christy G. Turner probó más
concretamente en la década de los 90 la existencia de canibalismo, gracias a
los hallazgos de Richard Marlar de la Escuela de Medicina de la Universidad de Colorado.
Junto con sus colaboradores afirman haber encontrado hemoglobina humana en los vasos de cerámica de la cultura
anasazi, lo que sugiere que fueron cocinados con sangre humana. Más aún, en coprolitos humanos quemados (antiguas deposiciones),
encontrados cerca del fuego en uno de los refugios abandonados, también se
comprobó la existencia de hemoglobina humana.
Explicación
Según los relatos de los conquistadores,
entre los pueblos nativos aliados y adversarios de Hernán Cortés la práctica del canibalismo
era habitual en actos religiosos y tras las escaramuzas; para lo cual, incluso
se solía llevar sal a las batallas para salar a los enemigos muertos, de forma
que les durase más tiempo su carne y pudieran volver con ella a sus poblados y
repartirla entre sus familiares.6 El canibalismo como forma habitual de sostén
alimenticio no ha sido probado y los casos de los que se suele hablar se basan
en fuentes que podríamos calificar de parciales (conquistadores, enemigos,
exploradores, etc.). En la psicología, el canibalismo se describe como el
resultado de impulsos agresivos-orales no controlados, un acto antisocial
originado por el deseo de dominación.
Parece probada la existencia del canibalismo ritual
como ofrenda a los dioses o como manera de obtener la fuerza y el valor del
guerrero enemigo. El principio básico que sustentaba la antropofagia guaraní
era que la persona acumula energía a lo largo de su existencia, y que esa
energía puede ser utilizada por otra persona para expandir la conciencia. El
objetivo vital de los guaraníes era trascender los límites de la existencia
cotidiana accediendo a lo que llamaban «la tierra sin mal»; un estado vital en
donde una persona escapaba al daño, e incluso a la muerte (como supresión del
nivel físico de la existencia). En este contexto, consumir la personalidad de
una persona primero y su cuerpo físico después daba al practicante un
incremento de energía imposible de conseguir por otros medios. De allí que los
guaraníes no comieran a cualquiera, sino solo a los mejores. El canibalismo era
parte del camino de la perfección o aguyé.
Es atribuido a muchas tribus y etnias: los nativos
amazónicos, los aztecas, los pigmeos y otros nativos de la cuenca del río Congo, las tribus Korowai y Fore de Nueva Guinea.
El 14 de febrero de 1779,
en Kealakekua Bay en Hawái, el comandante de la expedición marina
inglesa James Cook y algunos de sus hombres, fueron muertos y
consumidos (aunque todavía existe controversia sobre la certeza este hecho) por
la población local tras un intento fallido de secuestrar a su rey, en
represalia a los robos de los nativos. Los restos remanentes fueron luego
recuperados y se les hizo un funeral marino.
En 1809, los 66 pasajeros y la tripulación del
barco The Boyd fueron muertos y comidos por maoríes en la península de Whangaroa, en la isla Norte, como
parte de un utu ('venganza') por el azotamiento con látigo de un maorí
que rehusó trabajar en el barco durante el viaje desde Australia. El hecho permanece como la mayor matanza en la
historia de Nueva Zelanda.
En casos aislados, se ha acusado de caníbales a las
poblaciones enemigas como medio de propaganda con que desproveerlas de
toda civilización o humanidad. De esta forma, la conquista, represión o
cualquier tipo de trato inhumano y vejatorio podían ser fácilmente justificados
moral y legalmente. Otro ejemplo clásico de esta tendencia sería la acusación
de canibalismo hacia los cristianos en época romana que facilitó su criminalización y posterior
represión.
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